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Resignificandome como hombre.
Si yo soy un hombre, eso me identifica y tengo menos posibilidades de cambiar algo.
Si yo soy una persona que esta en cuerpo de hombre, algo se abre.
Mi creatividad construye, deconstruye y reconstruye.

Algo muy emocionante sucede cuando nos reunimos solo hombres con la intención de atravesar nuestro personaje.

Yo soy un hombre y me da miedo el hombre.
Hombre es una palabra con mucha carga, hoy en día es buen ejercicio resignificarla.

El trabajo que propongo, nace de mi recorrido de vida en cuerpo de hombre.
Durante esta última decada he conectado con la crisis de lo masculino, ya no me vale hacer muchas cosas, vencer y conquistar. Entonces, ¿como ser un hombre ahora?

Resignificandome como hombre, inspirandome y juntandome con otros hombres, explorando juntos.

En los últimos cinco años voy abriendo espacios para hombres y observo lo mágico que es dejar nuestra historia aparte y entregarnos a algo más grande y más sutíl.

Aquí se dan dos particularidades: que todos somos hombres y que trabajamos desde el cuerpo.

Ir de lo personal a lo trascendental, de lo ordinario a lo sutil.
Abrir un laboratorio de exploración donde navegar en lo desconocido, sin tener un plan, renunciando a mi yo, reconocernos y reencontramos con algo más amplio.

Mostrarse sin tener que demostrar nada. Descansando desde el movimiento.
Sin fingir, sin teatro, con el cuerpo, juntos.
Entregandose a la creatividad y la sabiduría del cuerpo.